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 BLOG DE LECTURAS PEDRO A. LÓPEZ GAYARRE 

Radiaciones I. Diarios de la II guerra mundial. Ernst Jünger

05/11/2016 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS

Radiaciones I, el primer tomo de los diarios de Ernst Jünger dedicados a los años de la II guerra mundial y la posguerra, comprende tres libros que en su momento fueron publicados de forma autónoma. El primero de ellos, Jardines y Carreteras, lo fue incluso en plena guerra, 1942, mientras los otros dos, Primer diario de París y Anotaciones del Cáucaso, lo serían en 1949. A pesar de su éxito, o precisamente por ello, el primero nunca volvería a ser reeditado en Alemania durante la guerra por orden expresa de Goebbels, el hombre que muchas veces había expresado su admiración por Tempestades de Acero:

“Entonces me gustaba hacer uso de criptogramas para insinuar la situación a seres humanos, o a quienes deseaban seguir siéndolo; uno de esos mensajes cifrados es la mención al Salmo 73. Hubo de pasar un año antes de que el cifrado arabesco se divulgase; y entonces el ministro de instrucción popular hizo depender de la supresión de ese pasaje la reedición del libro. Como rechacé tal exigencia, mi obra Jardines y carreteras fue incluida en el índice de los libros prohibidos…” (Prólogo redactado en 1948. Página 17).

En abril de 1939, dedicado totalmente a la escritura y a la Entomología, el autor de Tempestades de acero preparaba en su nueva residencia de Kirchhorst una narración alegórica que llevaba por título La reina de las serpientes, pero que acabaría siendo Sobre los acantilados de mármol. Todos sus biógrafos señalan en este punto de su vida el desconcierto que los nazis sentían hacia el escritor. Dado su nacionalismo, ampliamente demostrado en su colaboración con las revistas de ese espectro ideológico, intentaron sin ningún éxito atraerlo a su causa. Sin embargo, esos equilibrios vitales, que se repetirán a lo largo de la vida de Jünger, acabaron con su arrinconamiento intelectual en aquella Alemania de preguerra, aunque se le permitiera publicar con una aparente libertad al considerar que no era ni mucho menos, un opositor frontal al régimen. Cuando en septiembre se ha movilizado con el empleo de capitán al mando de una compañía, su ética de patriota y soldado se impondrá sobre cualquier otra consideración, y será la necesidad de explicarse a sí mismo con la escritura de donde surgirán estos diarios que se convertirán en una parte fundamental de su obra literaria.

Durante la guerra sólo escribirá diarios y el tratado La Paz, que sería un texto fundamental para los conspiradores contra Hitler, el Kniebolo que se le aparece en sueños ofreciéndole bombones: “La inminencia de la catástrofe me puso en contacto con los hombres que planificaron abatir al coloso antes de que, acompañado de un séquito infinito encontrase su meta en el abismo… … yo estaba convencido de que, sin un Sila, todo ataque a la democracia plebiscitaria conduciría necesariamente a un reforzamiento ulterior de lo inferior; y eso fue también lo que ocurrió y sigue ocurriendo.” (Página 15).

Jardines y carreteras comienza en los primeros días de abril de 1939 con la instalación de la familia en una vieja casa parroquial  en la aldea de Kirchhorst, en la zona norte de Hannover, donde permanecerán hasta 1948, y acaba a finales de julio de 1942, cuando el autor vuelve a Alemania tras haber pasado con su compañía por el muro occidental en el Rin, desde noviembre de 1939 hasta mayo del año siguiente, en que integrado en una división que no llega a entrar en combate, participa en la invasión de Francia.

La segunda parte, Primer diario de París, abarca desde el 18 de febrero de 1941 al 23 de octubre de 1923. Un periodo que comienza con unos meses de guarnición en el norte de Francia pero que, gracias a dos amigos y lectores fieles, finalizará con su traslado a París integrado en el Estado Mayor del coronel Speidel. Un hombre que, como ha recordado hace unos días en una tercera de ABC el Marqués de Tamarón (ABC, 18 de octubre de 2016) estaría involucrado en la conjura de Stauffenberg, encarcelado por Hitler y luego por los americanos hasta 1949, para acabar como asesor militar con Adenauer y General Jefe del mando centroeuropeo de la OTAN. Speidel protegió a Jünger contra los consejos de Keitel: “Jünger es un hombre peligroso. Lo único que usted conseguirá, incorporándolo a su Estado Mayor, es perjudicarse". En París dependerá directamente de Speidel que le encarga llevar las actas de las actividades oficiales, además de otras secretas derivadas del pulso que en Francia mantenía el Ejercito con el Partido y en las que se recogían los fusilamientos de rehenes y otras acciones contra la población que les enfrentaban.  

El último de los diarios, Anotaciones del Cáucaso (24 de octubre de 1942 al 15 febrero de 1943) recoge su paso por el frente sur ruso enviado por el comandante en jefe de las tropas alemanas en Francia, Carl-Heinrich von Stülpnagel: “El general estuvo hablando de las ciudades rusas y dijo que para mí sería importante conocerlas, sobre todo con vistas a ciertas correcciones en “la figura del trabajador”. Le repliqué que ya hacía tiempo que yo mismo me había prescrito como penitencia el hacer una visita a Nueva York, pero también estaría de acuerdo con que se me enviase una temporada al frente oriental.” (Página 341). Allí comprobaría la guerra de exterminio dictada contra el pueblo ruso y también la imposibilidad de que entre los generales del grupo de ejércitos A apareciera un “Sila” salvador.

De los tres diarios, uno se queda con la estancia en París, que tan bien refleja el ambiente de una ciudad que parecía no vivir en guerra. No es extraño que Alan Riding en "Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París de los nazis" (Galaxia Gutemberg, 2011), ya comentado en este cuaderno de lecturas, extrajera de los diarios de Jünger un precioso material para ilustrar lo que fue aquello con personajes llenando la escena  como Picasso, Sacha Guitry, Drieu La Rochelle, Celine, el salón de Madame Florence...

Jünger era un hombre que soñaba y que recordaba con detalle cada uno de sus sueños. Su realidad es “la radiación” de la ciudad, de los hechos, de la naturaleza, de los insectos observados en la “caza sutil”, pasados por una vida espiritual que se concreta en un pensamiento que a veces roza lo esotérico y lo mágico. Algo que a uno se le antoja como un mecanismo de defensa que milagrosamente protegió su pensamiento y su vida en medio de la barbarie y la abyección. Terrible e inolvidable el relato de la ejecución de un cabo a la que asiste como supervisor. (Páginas 225-227).

Imprescindible para lectores de diarios y aficionados y estudiosos de la II guerra mundial.

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Ernst Jünger. Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943)
Traducción e introducción de Andrés Sánchez Pascual
Tusquets editores, Tiempo de memoria, 2005.
462 páginas. 20€.


 
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