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El Digital Castilla-La Mancha
UNA CRÓNICA DE ISABELO HERREROS

El año en que el Che Guevara vino a Toledo

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El periodista y escritor toledano Isabelo Herreros nos trae hoy en primicia el relato y la foto de la visita que el Che Guevara realizó a Toledo en septiembre de 1959 y que pasó inadvertida. Isabelo Herreros publica también una foto suya en el mismo punto exacto de Toledo en el que el Che se hizo la foto de 1959 que publicamos con este texto.

ISABELO HERREROS

08/02/2017 .
Se cumplen, en este año que recién comienza, cincuenta de la muerte en Bolivia de un gran revolucionario llamado Che Guevara. Su asesinato, tras su captura por militares del ejército boliviano con apoyo estadounidense, fue el hecho alevoso que elevó a la categoría de leyenda a uno de los personajes más célebres del siglo XX. Al escribir unas líneas de recuerdo y homenaje no pretendo realizar una aproximación a su trayectoria de dirigente de la guerrilla en Sierra Maestra, ni tampoco una defensa de los principios y valores que defendió aquel médico argentino, que soñaba cuando era niño con venir a España, y recorrer los escenarios en los que se había librado la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial. Sencillamente pretendo dar cuenta de una visita que realizó a Toledo el más carismático de los comandantes de la revolución cubana, en septiembre de 1959, y que pasó inadvertida para la mayoría de los toledanos, si bien es cierto que aún no era muy conocido, más allá de que llamase la atención el que un joven turista llevase indumentaria militar de color verde oliva y fuese cubierto con boina negra española. También estuvo Cantinflas aquel año y no parece que se le hiciera mucho caso, pero ya sabemos que los toledanos, entre los que me cuento, somos algo desdeñosos, puede que por que en fondo pensamos que después de haber tenido reyes como vecinos, y de haber protagonizado nuestra ciudad acontecimientos históricos como la sublevación de los Comuneros de Castilla, no hay gran cosa que nos pueda impresionar.    
 
En todas las biografías aparece, como determinante para la formación política del futuro comandante de la Revolución cubana, la pasión con la que se había vivido en su casa la guerra de España de 1936-1939, y el alineamiento familiar a favor de la República; así como la convivencia, años después, con exilados republicanos que se asentaron en Argentina. En particular hubo uno al que el niño Ernesto Guevara escuchaba con interés relatar la guerra de España, nada menos que al general y aviador Enrique Jurado Barrio, precisamente uno de los militares de carrera más próximos a Manuel Azaña. Otro vecino español de relevancia fue Manuel de Falla. Pero vamos a lo que interesa de esta pequeña historia y a los prolegómenos de la misma. Aquel año 1959 había comenzado con el final de la dictadura de Batista en la isla de Cuba, y la llegada al poder de unos guerrilleros barbudos de los que, al menos en España, poco se conocía. Bien es cierto que se habían publicado en nuestro país reportajes sobre la guerrilla de Sierra Maestra, y que se veía a estos jóvenes idealistas, algunos de ellos descendientes de españoles, como patriotas defensores de la dignidad de su país, pisoteada por los EEUU, que la habían convertido en una suerte de casino-burdel. Todavía no eran comunistas aquellos revolucionarios y en nuestro imaginario colectivo estaban clavados los agravios de 1898, las canalladas que nos infligió la flota norteamericana, tras la falsa acusación del ataque terrorista al Maine y la posterior y desigual guerra, con el desastre de Cavite, tras no pocos errores de nuestro gobierno. En particular, el diario de los sindicatos verticales, Pueblo, que a veces hacía pinitos aperturistas, había enviado al periodista Antonio de Olano a entrevistar a los dirigentes de la guerrilla cubana; allí conoció Olano al Che y quedó para siempre impresionado por el carisma del comandante. Para entender mejor las cosas diremos que el régimen franquista, por razones pragmáticas de distinto orden, nunca rompió relaciones diplomáticas con Cuba.
 

 


Ernesto Guevara había sido encargado por el Comandante en jefe, Fidel Castro, de realizar una gira por distintos países de África y Asia, con la finalidad de dar a conocer la revolución cubana y establecer contactos diplomáticos y comerciales. Una vea conformada la delegación, con el comandante Guevara al frente, partió la misma del Aeropuerto de La Habana el 12 de junio de 1959. Integraban el grupo el capitán Omar Fernández, Francisco García Valls, asesor del Che, Alfredo Menéndez, experto en la industria azucarera, y el primer teniente José Mendoza Argudín, que actuaba como escolta; también acompañó a la delegación el periodista Armando Rabileiro; en la India se les sumaría el también periodista José Pardo Llada. Todos, por orden del Che, iban ataviados con el uniforme verde oliva. Tras un par de escalas para repostar combustible, en Islas Bermudas y Lisboa, el avión llegó a Madrid en la tarde del sábado día 13, y el vuelo con el que tenían que enlazar, de la compañía Iberia, partía al día siguiente hacia el mediodía, es decir, les quedaban apenas veinticuatro horas, pero suficientes para que haya quedado huella de este primer viaje del Che a España. Para no aburrir al lector, abreviaré todo lo posible, al tiempo que remito, a quien tenga interés, a un artículo acerca de los viajes del Che a España, de mi amigo gallego Lois Pérez Leira, gran conocedor de la vida del Che, y que se puede encontrar si teclea en el buscador: “Che Guevara en Madrid”, a él debo la gentileza de proporcionarme una foto del comandante en Toledo. Aunque la prensa española de la época apenas se hizo eco de la visita, y que las fotos realizadas por un jovencísimo César Lucas para Europa Press tardaron unos cuantos años en ver la luz, lo cierto es que se han recogido los testimonios de quienes compartieron aquella breve pero intensa visita a Madrid con Ernesto Guevara. A esta breve escala en Madrid corresponden las fotos en las que aparece el Che en la Ciudad Universitaria, en la Gran Vía, en Galerías Preciados, cuya tienda próxima a la Plaza de Callao fue abierta ex profeso para el Che por deferencia del dueño, Pepín Fernández, y en la plaza de Toros de Vista Alegre, en día sin festejo, por entonces  regentada por los Dominguín, muy de izquierdas algunos de ellos y eso puede explicar esta rara visita a eso de las ocho de la mañana de un domingo, tras haber visitado ya el campus universitario y algunas de sus facultades e instalaciones deportivas, pues era una de las preocupaciones del Che el dotar a Cuba de una universidad moderna y a la altura de las mejores del mundo. Antonio de Olano, que en paz descanse, tiene contado que llevó la víspera por la tarde, sábado, al ilustre huésped, a dar un paseo por la Feria del Campo, que justo se celebraba aquel año, -creo recordar que era cada cuatro- y que cenaron en el pabellón de Galicia unas raciones de pulpo. Es posible que la primera imagen que vio el Che de Toledo fuese en este recinto ferial, pues el pabellón de Toledo era enorme, con un patio manchego incluido, y con una réplica de la Puerta de Bisagra de buen tamaño.
 
La gira internacional de la delegación cubana presidida por el Che finalizó su periplo a finales de agosto, es decir, duró casi tres meses, y de nuevo escala en Madrid, a donde llegaron el 28 de agosto procedentes de Roma. Pero aún quedaba por hacer un viaje a Marruecos, que se produjo al día siguiente, previa escala de una hora en Sevilla, para volar desde la ciudad hispalense a Casablanca, y desde allí a Rabat, con regreso al día siguiente a Madrid. A partir de ahí es poca la información de que se dispone para realizar una cronología, pero no importa mucho para lo que nos interesa. Un hecho casual aplazó el regreso a Cuba, y fue la avería del avión cubano en el que estaba prevista la vuelta a La Habana. Debido a esa contingencia la delegación no pudo volar hasta el día ocho de septiembre de 1959. Nuestro personaje, con su conocida vitalidad y avidez de cultura, quiso aprovechar estos días de obligada estancia en Madrid para visitar museos y ciudades históricas cercanas. Según el testimonio de sus acompañantes acudió al Museo del Prado, donde se detuvo un buen rato ante cada uno de los cuadros de Velázquez y Goya. Puede que uno o más días acudiese a la Cuesta de Moyano, a comprar libros antiguos, tal y como ha contado uno de los acompañantes del Che. También sabemos que visitó El Escorial y Toledo, pero es posible que hiciese alguna excursión más. Quiso también el comandante asistir a una corrida de toros, y de ello hay testimonio gráfico consistente en varias fotografías, -en realidad fue una novillada- en las que podemos ver en  a un sonriente Che en compañía de varios miembros de la delegación, sentados en unas localidades de barrera; fue el día 3 de septiembre de 1959 y el fotógrafo  no fue en esta ocasión César Lucas sino Fernando Botan, un profesional especializado en la fiesta de los toros. Hay quien opina que una de estas fotos es de las mejores que se le han hecho al Che Guevara, y puede que sea cierto, pues la clave, dicen los entendidos, consiste en que el protagonista no sea consciente de que su imagen está siendo captada por una cámara.
 
No sabemos la fecha exacta de su viaje a Toledo, pero si los lugares que visitó, pues en este caso tenemos la información que nos suministran las propias fotos que hizo con su cámara el Che Guevara en nuestra ciudad. Algunas de esta imágenes fueron expuestas hace unos años, en 2001, en Valencia, en el marco de una exposición dedicada a la faceta de fotógrafo del revolucionario. Se trata de imágenes captadas por un profesional, y en realidad lo era, pues durante los años que vivió en México se ganó la vida trabajando para un conocido estudio de la capital azteca. Esa afición  hará que siempre forme parte de su equipaje una cámara fotográfica,  tanto en Sierra Maestra como en su andar por el mundo.
 
Sabemos que en su estancia de un día en Toledo estuvo en la Catedral y  que captó imágenes del Transparente y otros monumentos del templo, también dejó testimonio de su visita a la Sinagoga del Tránsito, Casa del Greco, como también a la Ermita del Valle, desde donde tomó varias panorámicas de la ciudad y una con cierto detalle de la Casa del Diamantista. Pero el mejor testimonio de esta visita es una foto del propio Che Guevara posando junto a dos toledanas en el puente nuevo de Alcántara, con el viejo puente al fondo; la única diferencia en el paisaje con una imagen actual se encuentra en la desaparición del edificio de la central eléctrica, destruido hace unos años por el empeño de un alcalde en cargarse todos los vestigios de nuestra arqueología industrial, pero esa es otra historia. Si ustedes quieren saber como éramos los toledanos el año que vino el Che no tienen más que asomarse al Blog Toledo Olvidado de Eduardo Sánchez Butragueño, donde encontrarán un reportaje de reciente incorporación, realizado aquel año por un gran maestro del periodismo gráfico, nada menos que Santos Yubero. No sabemos nada más de esta visita, y si se enteró de la misma el alcalde de la ciudad, por entonces Luis Montemayor, de designación gubernativa como era costumbre durante el franquismo. Quien sí tuvo necesariamente que tener conocimiento de la presencia del Che en Toledo fue el gobernador civil, el falangista cacereño Francisco Elviro Meseguer, por su mando sobre la policía y la guardia civil, y por la discreta escolta que el gobierno español puso a tan ilustre turista, también durante su estancia en la imperial ciudad.
 
Otros asuntos de interés de aquel año fueron el Plan de Estabilización de la economía nacional,  la visita a España del presidente norteamericano, general Eisenhower, y, -aquí viene lo relevante de verdad para los toledanos-, la gran victoria de Bahamontes al ganar el Tour de Francia, por lo que días después de la visita del Che Guevara, el 20 de septiembre, el “Aguila de Toledo” fue recibido como un héroe en la ciudad, con una gran muchedumbre ataviada o portando algo de color amarillo, el color de la gran gesta ciclista.    
 
En fin, ahí tienen los lectores la imagen del Che en Toledo, que no tiene muy buena calidad, pero es lo que tenemos y lo compartimos con ustedes.     
Soliss  La Mutua Castellano-Manchega. Seguros desde 1933
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